
04/11/2025
Santander
«Con el tema de Villa Mercedes, hemos hecho el ridículo«. Así calificaba don Pedro Diego, portavoz del PRC en el Ayuntamiento de Laredo el inmenso despropósito que ha supuesto todo lo relacionado con el derribo del edificio de Villa Mercedes, patrimonio del municipio pejino.
Que la política española atraviesa una profunda crisis de confianza marcada por la falta de coherencia, la pérdida de valores y el abandono de principios es algo que no debería de sorprender a nadie a estas alturas del partido. Pero esta erosión no es exclusiva de las grandes esferas, sino que permea todos los niveles de la administración, desde el Congreso de los Diputados hasta el ayuntamiento más pequeño. Cuando el oportunismo electoral y el interés partidista priman sobre el servicio público, la distancia entre la clase política y la ciudadanía se vuelve abismal.
Cantabria, a menudo percibida como un oasis de estabilidad, refleja perfectamente esta falta de coherencia en la gestión autonómica.
En sanidad, la Consejería es un foco constante de controversia. A pesar de las promesas de mejorar la atención y reducir las listas de espera, la realidad muestra la incapacidad de gestión ante la falta de médicos en Atención Primaria y hospitales comarcales. La polémica con los retrasos en los informes de mamografías es un ejemplo doloroso de cómo la mala gestión o la falta de previsión en los recursos técnicos comprometen directamente la salud de miles de mujeres. La defensa de la sanidad pública, un principio esencial, se debilita con la ineficacia.
La Consejería de Educación también se ha visto salpicada por la ineficacia en abordar problemas estructurales. A la incapacidad de solucionar la brecha surgida entre los profesores y la administración, los casos de acoso escolar, evidenciados en las noticias de este año, sugieren un fracaso en la aplicación de protocolos y la falta de inversión en salud mental y recursos de apoyo. El principio de proteger a la infancia y garantizar un entorno seguro para nuestros hijos e hijas se ve comprometido cuando la respuesta política es reactiva y no preventiva.
La Consejería de Fomento no se libra de la quema y enfrenta el dilema de la coherencia en el modelo de desarrollo. Los debates sobre grandes proyectos, como la planta de Biogas de Hazas de Cesto, y la gestión del suelo, como el polémico PSIR en Laredo, confrontan la necesidad de desarrollo con el principio de protección medioambiental y el derecho a la propiedad. La falta de un plan coherente que defina un modelo de Cantabria a largo plazo provoca inseguridad jurídica y social.
Esta inestabilidad se magnifica en el ámbito local, donde la política se vuelve más personal y, a veces, más volátil. En municipios como Ramales de la Victoria, Laredo o Noja, los problemas políticos se centran en la dificultad para mantener la estabilidad gubernamental, en la constante ruptura de acuerdos y en la sospecha de que los intereses particulares priman sobre los vecinales. La pérdida de la lealtad y el valor del compromiso en la política municipal se traduce en parálisis administrativa, perjudicando la gestión diaria y el bienestar de los vecinos. De mientras, algunos de sus representantes se encuentran más preocupados por grabarse vídeos para Tik Tok o Instagram que practicar la coherencia y el buen hacer en aquellas funciones que les han sido delegadas por la propia ciudadanía.
Desde la perspectiva del humanismo cristiano, esta crisis de coherencia y valores es, en el fondo, una crisis moral. La política, entendida como el arte de buscar el bien común, exige que el servidor público se rija por principios innegociables:
La dignidad de la persona: esto es: poner a la persona (el paciente, el alumno, el vecino) en el centro de toda decisión.
La verdad y la coherencia: honrar la palabra dada y mantener la misma postura independientemente de si se está en el gobierno o en la oposición. La doble moral («Donde dije digo, digo Diego») es una afrenta a la verdad.
El servicio humilde: concebir el poder no como un privilegio, sino como una herramienta para el servicio.
La calidad del gobierno que se tiene es, en última instancia, un reflejo de la calidad de los valores que la sociedad exige y tolera.
Por eso, desde Valores Cantabria hacemos un llamado a la clase política a la rectificación y a la valentía ética. Es hora de que los líderes recuperen los principios fundamentales de la honestidad, la transparencia y el servicio.
Pero también hacemos un llamado a la sociedad para que no caiga en el cinismo. La indiferencia es el caldo de cultivo de la corrupción y la incoherencia. Exigir coherencia, integridad y principios a nuestros representantes es el primer paso para construir una política que realmente esté a la altura de las necesidades y la dignidad del pueblo cántabro y español.

José Luis Tendero Ferrer
Presidente Valores Cantabria
Secretario Nacional de Política Territorial

Deja una respuesta